Encuentros virtuales

MADRID, por Mikaela Guariniello

España es un país familiar para un latinoamericano, muy familiar, diría yo. Está plagado de comidas en familia que empiezan los domingos al mediodía y terminan por la noche, con enormes mesas ocupadas por abuelos, tíos, sobrinos y multitud de primos, primos segundos, primos terceros, tíos-abuelos y así podría seguir un largo rato.

No me resulta extraño que aquí se asombren cuando cuento que en Navidad hemos sido cuatro en casa, y que en el salón no se encontraban con nosotros todas y cada una de las personas que forman nuestro extenso y desperdigado árbol geneálogico.

“¿Sólo cuatro?”. Sí, sólo cuatro. Y es que a veces la gente no es consciente de que viajar a Latinoamérica no es algo que se pueda hacer siempre que se quiera, y hace falta explicar con diagramas el por qué de tanta espera entre visita y visita. España es un país que parece estar cerca.

Pero desde hace unos pocos años, gracias al avance de la tecnología, por fin en casa accedimos a una manera de hacer “reuniones familiares” aunque nos encontremos en diferentes continentes, comunicarnos con aquellos que están lejos, y poder verlos de vez en cuando, sin necesidad de andar imaginando cómo habrán crecido o cuánto habrán cambiado.

Cuando llegué a España, hace 11 años, la manera más rápida que teníamos de comunicarnos era mediante el e-mail. Aún usábamos cámaras analógicas y mandar las fotos hasta Chile requería acabar el rollo, mandarlo a revelar, meterlo en un sobre, pegar el sello y esperar unas semanas hasta que llegara. Con las cámaras digitales en mi familia pudimos por fin mandar fotos con más frecuencia y así evitar el asombro de nuestra rama chilena, que aún guardaba en su memoria nuestras apariencias físicas del pasado. Pero a pesar de eso sólo tenían imágenes estáticas. Se seguía notando este gran impedimento familiar que es la distancia.

En mi familia aún conviven muchas generaciones que difieren en los modos de entender la comunicación, y por tanto, es mucho más difícil encontrar un medio común entre alguien mayor como mi abuela y alguien joven como yo. Ella ha crecido en la época de las cartas a mano y la letra prolija, yo en la época de la inmediatez de internet y las abreviaciones. Resulta complicado encontrar una manera rápida que ella pueda manejar de manera autónoma. Son momentos en los que debo suspender la independencia automática con la que me muevo por las redes sociales y los programas de la red.

Hasta hace poco en mi familia, como en tantas otras familias de extranjeros en España, no teníamos una manera de hacer un encuentro completo, aunque fuera a distancia. Teníamos que escoger entre hablar sin vernos, por teléfono, o vernos sin oírnos, a través de las fotografías; siempre esa disyuntiva remarcaba nuestra lejanía de Chile. Perohemos encontrado una manera de reemplazar las reuniones familiares que teníamos en la época que vivíamos en el país de la cueca.

Ahora no sólo mis compañeros tienen grandes reuniones familiares los fines de semana. Yo también. Ahora puedo instalarme en el salón junto a mis padres y mi hermana para ver a través de la pantalla a mis abuelos y tías, que saludan al mismo tiempo que nosotros, mientras ellos visten arropados y nosotros desabrigados. Hablamos a la vez, permanecemos callados o vemos cómo se ríen a través de la pantalla mientras les contamos nuestras últimas anécdotas, o recordamos otras que compartimos en el pasado.

Si hace unos años me hubieran dicho que gracias a lo “virtual” podría sentir por fin algo “real” entre tanta lejanía, seguramente no lo habría creído, ni tampoco mis padres, mis abuelos o mis tíos. Pero lo cierto es que la tecnología se ha amoldado a mi situación y a la de tantos otros extranjeros, y consigue que a veces olvidemos este impedimento que es la lejanía.

* Mikaela es una joven chilena, estudiante de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. Desde el año 2000 reside en Madrid (España), donde trabaja como fotógrafa y periodista independiente.

2 pensamientos en “Encuentros virtuales

  1. Linda crónica. Definitivamente es muy distinto esta lejor hoy de lo que era estarlo hace unos años. Pero de todas maneras, qué nostalgia queda después de las video llamadas por Skype!
    Saludos desde NY.

  2. Desde luego, cada vez que hago video llamadas por Skype o hablo por teléfono con mi familia, al terminar siempre se me queda un enorme sentimiento de nostalgia. Soy muy feliz mientras hablo con ellos, pero al colgar me invade la tristeza de sopetón y por desgracia me dura un buen rato.

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